Construido con Berta

  1. Landscapes are spaces of embodiment and mutability

    Landscapes are events. di Virginia López

    http://www.roots-routes.org/?p=19778

    TEXTO publicado en la revista ROOTS &ROUTES, n.24 #PARTCIPATION. research on visual cultures, Italia.  enero-abril 2017.

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  2. ARTE EN TRANSICIÓN: EL AXIOMA PROCESUAL DE LA CREATIVIDAD o el estar siendo

    Juan Carlos Aparicio Vega

    texto con ocasión de la exposición Process, CMAE, Avilés. julio-agosto 2015.

    La propia conformación de la obra de arte y, en definitiva, cada paso ocurrido en el proceso de génesis creativa y al insertar el trabajo en el espacio y su interrelación con el resto de las piezas en exposición, suman y enriquecen las propuestas que finalmente percibe el espectador. Ese asunto centra este proyecto expositivo en colaboración: una gran instalación híbrida en que coexisten diversos asuntos y donde abunda el empleo de las nuevas tecnologías y la interacción de un amplio número de disciplinas plásticas, sonoras, textuales, audiovisuales, así como el low y el high tech.

    En esta exposición de arte procesual participan varios artistas seleccionados por el comisario, crítico y artista multidisciplinar Jaime Rodríguez. Entre las piezas escogidas predomina la instalación, si bien en no pocos casos ésta aparece asociada con el vídeo, el sonido, los componentes puramente tecnológicos (instalación multimedia) e incluso la estampación.

    Los autores integrantes de Process provienen de diversas geografías e intereses, pero sorprenden los múltiples nexos que encontramos entre todos ellos. Así, desde nuestro entorno más inmediato encontramos las piezas de Emma Bi, Nel Caamaño, Virginia López, Benjamín Menéndez, César Naves, el propio Jaime Rodríguez y su trabajo en colaboración con Mind Revolution (Eugenia Tejón & Ángel González) y uh513 (María Castellanos & Alberto Valverde). Mientras, del circuito nacional proceden Julio Mediavilla, Jesús Nido y Eugenio Rivas. Por último, cubren la representación internacional el artista brasileño Marcelo de Melo y el japonés Yoshihiro Kikuchi.

    Virginia López: la naturaleza detenida

    La exquisita sensibilidad de Virginia López se presenta en esta ocasión a través de la delicada obra tituladaChanging Leaves, donde una vez más queda representado el coherente ideario artístico de la autora, preocupada por los conceptos de cambio y mutabilidad, que son llevados a su permanente mirada a la naturaleza desde el ámbito rural en que vive.

    Esta artista multidisciplinar pone su foco en aquello que se transforma con facilidad, en lo que muere y se regenera y para ello recurre a un tema tradicional en la historia del arte: los ciclos naturales. Muestra además el asunto del aguacalma a través de una grabación sonora donde simplemente se escucha el agua que corre,como un concentrado y profundo campo para la ensoñación y por tanto para la revelación, que parte de la rememoración de sus lecturas, en especial, de Gaston Bachelard y sus rêveries. Presenta el fluido como depósito de la memoria, en realidad un embalse repleto de informaciones  en forma de recuerdos y evocaciones. Su trabajo se nutre también de un poema del ecólogo británico Charles Elton, quien se refiere en su obra a los árboles que se agitan y a las hojas cambiantes, elementos centrales en el discurso de la artista gijonesa.

    En su instalación ofrece, a través de la proyección de una imagen variable, el transcurso de las estaciones, completando así todo el ciclo de 2013. El resultado es un retazo de paisaje de resonancias oníricas, concentrado en una oquedad circular, una suerte de ventana que nos lleva desde la sala de exposiciones a la frondosa copa de un peral silvestre situado junto a la casa de la artista en la localidad florentina de Arcetri.

    Pero el espacio expositivo mismo nos permite seguir con la ensoñación que la autora lleva al mismo suelo, repleto de hojas secas distribuidas por el local. Cada hoja, pacientemente recogida por Virginia López mientras caía en noviembre de 2013, al pie del árbol, fue tratada con cera natural para que perdurase su mensaje, “encapsulándola” justo al morir para adquirir así una nueva piel de cera virgen. Convierte, pues, un elemento perecedero y fugaz, las hojas caídas de un árbol, en esculturas a través del empleo de la ceroplástica. Para ello, la artista hace uso del modelado de cera de abeja que ayuda a conservar el color y en definitiva a asegurar la permanencia de las hojas, en un paciente procedimiento que repetía cada jornada hasta que el árbol se quedó desnudo un 11 de diciembre. Conseguía de este modo casi momificar elementos que acababan de perder su halo vital.

    Las naturalezas muertas de Virginia López no son pintadas, se completan con la evocación a través de medios audiovisuales del mismo árbol del que proceden y donde ya cíclicamente son reemplazadas. Logra congelar y salvaguardar el tiempo y nos lo muestra con una fuerte carga lírica a través de un bodegón de cientos de hojas dotadas ya de un pellejo de cera. Todo tiene un sentido casi ritual y ceremonial, de veneración y observación de la propia naturaleza, de la que extrae no solo el motivo sino el sentido mismo de su discurso. La sala de arte está ahora llena de reliquias provenientes del medio natural que a modo de ofrendas nos invitan a una mirada reflexiva. Lo que vemos es una auténtica revelación, plena de mensaje.

    Es Virginia López una artista-recolectora, seguramente como aquellos primitivos hombres y mujeres rupestres. Su trabajo tiene algo de alquimia, de laboratorio remoto o de taxidermista trabajando en un gabinete de historia natural.

    La cera dota a las piezas de un aspecto indudablemente frágil, enigmático y misterioso, subrayado por la proyección. Cada hoja parece un exvoto, es un momento detenido, un fósil, un elemento del pasado llegado al presente, algo que en principio estaba condenado a desaparecer pero que se preserva y se nos presenta como un fragmento de memoria.

    La autora, como en ocasiones anteriores, transforma la sala en todo un ambiente que invita a pensar en el mismo concepto del tiempo y a través de las técnicas empleadas en la propia conservación de la obra de arte.

    texto completo:

    http://www.kaosart.org/PROCESS/texts.html

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  3. Lorena Lozano, Artistas en el campo sostenible, Atlantica XXII magazine . n°34.septiembre 2014. pag.66-69.

    download PDF: atlanticaXXII.n34.sept 2014_lorenalozano

  4. Virginia Lopez ,El tiempo trascendido de las rêveries. publicado en la revista de arte y cultura contemporànea "21 Le Mag", Asturias.2013

    La rêverie es en palabras de G. Bachelard ese estado de la conciencia que todos conocemos en el que nos abandonamos al fluir de un sueño a ojos abiertos, en el que la imaginación y el recuerdo, en un acto de libertad psíquica nos ofrece otra forma de percibir y conocer lo que nos rodea. La lluvia cansina y constante, olor a húmedo, apenas despiertos, aún en la cama, el reflejo fugaz de la luz entre las persianas… y la reverie, sin darnos cuenta, inicia. El tiempo de la rêverie me parece ese   tiempo trascendido  del que habla Maria Zambrano: “momentos creadores de personas” un espacio de ensimismamiento y fulgor, casi inaferrable que convive con el tiempo lineal e histórico del individuo (el Yo) y con la dimensión atemporal de los sueños (la Psique). De este estado  fluido surgen los paisajes de la exposición Paisajes de  la rêverie (Tiempo multiple)¹ : de las orillas del Pò a la abadia de Cenero, de los recuerdos de infancia personales o adquiridos a la rêverie activa y dinámica que no adormece sino que genera obras, inspira proyectos.  Las obras expuestas son una serie de estaciones singulares y a veces autobiográficas,  pero  al mismo tiempo universales, que indagan la idea de  un tiempo múltiple en el que el tiempo puro (el tiempo de la rêverie, de los paisajes “naturales”)  y el tiempo histórico (el carácter efímero de los destinos individuales) conviven.  Fruto de esa rêverie lúcida que actúa en la historia vital y presente nace el proyecto de Casa Antonino², la historia de una caseria   convertida en lugar de residencia y espacio de creación artística en la zona rural de Gijón (Trubia): work in progress…

    ¹Paisajes de la rêverie (Tiempo múltiple), en exposición en la sala 2 del Valey Centro Cultural de Castrillon, Piedras Blancas, Asturias, durante el mes  de octubre 2013

    ²PACA_Proyectos Artisticos Casa Antonino  www.pacaproyectosartisticos.com

  5. Virginia Lopez, Arte con data di scadenza, articulo publicado en la revista "I.OVO arte y cultura contemporanea", Firenze. enero 2013.

    traducciòn al castellano>

    Todo inició con la lectura de   Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta y la frase "(...)y lo más inexplicable de todo, son las obras de arte, exitencia misteriosa, cuya vida es eterna y opuesta a la nuestra, que se desvanece". Desde entonces, muchas cosas han cambiado en el campo del arte contemporáneo. Es aún válida esta afirmación? La mia, no es una tesis o una afirmación clara y concreta, sino una serie de interrogativos sobre la sensibilidad contemporánea. Algunos tentativos de solución se evidencian en mi trabajo: Ephemeros/misteriosas criaturas es un conjunto de obras creadas a partir del 2009  y presentadas con ocasión de la exposición en Berna, en la galeria Eletto y comisariada por Christian Herren en el 2012. Changing leavesFossili nelle acque durmienti  y otras obras  representan una reflexión sobre el concepto de tiempo, la idea de cambio y   mutabilidad como condición  de regeneración y permanencia , sobre la duración y persistencia de la  obra de arte, y  el valor de los materiales como contenedores y transmisores de tiempo, memoria y significado.  Una ocasión para interrogarse sobre el componente efímero en las artes contemporáneas y sobre nuestro constante  tentativo de preservar todo quello que por naturaleza es mutable, inestable y provisorio.

    A partir de los años sesenta, con el arte conceptual, la obra de arte en cuanto objeto, ha sido considerada por la parte progresista del mundo artístico, una especie de residuo, de resto, de fetiche. Intentando escapar  a su mercantilización (en rechazo a la sociedad de consumo) y a su emblasamación en el museo, se ha aproximado a la vida, y de ella ha extraido sus  materiales, pobres, cotidianos, deperibles. Sin embargo  estos mismos tentativos han sido musealizados y conservados y se asiste a la pradójica situatión de conservar lo efímero, aquello que había nacido como gesto, intuición, acción o test. En parte debido a que la máquina del mercado del arte no se detiene, se adapta y engloba, en parte debido a nuestro temor de quedarrnos huérfanos, sin pasado, sin memoria,  y por tanto sin posibilidad de construir un futuro (dimensión mnemónica del arte).

    La muerte del áurea en la obra de arte, avanzada por  Walter Benjamin en su famoso texto  La obra de arte en la epoca de su reproductibilidad técnica , viene negada cada día por parte de los museos que custodian en sus salas las obras-reliquia de quellos que contribuyeron a la destrucción de tal aurea. Quizas porque el áurea reside en el núcleo duro e indecible presente en toda obra de arte. Desde este núcleo la obra de arte emana su aurea, como inminencia de una revelación.

    Mi trabajo es una declaración de amor, quizas un tanto demodé, a un arte que pertenece al orden simbólico, percepción de conexiones y resonancias .Un arte quizás frágil, inestable, reflejo de nuestra época y de nuestra debilitada existencia, carentes de certezas y de utopias, aplastados contra un tiempo presente dilatado. El arte puede ser un gesto inaferrable, pero con vocación eterna, un fulgor que trasciende el tiempo histórico, lineal y destructor, es simple como una gota de agua, pasajero y constante como una nube que atraviesa el cielo. 

    Virginia Lopez

     

  6. Martina Marolda, Virginia Lopez | Ephemeros  “I.OVO “ magazine, Dentro al Contemporaneo n. 13   pag. 42-43. maggio 2012

     Ancora una volta lo spazio ibrido e suggestivo di Lato apre le sue porte all’arte contemporanea, ospitando le note poetiche ed eterne della natura pulsante, intima di Virginia Lopez, vera e propria esperienza sensoriale e sognante che procede per manifestazioni e si snoda in un percorso archetipico.

    (…) e più indicibili di tutto sono le opere d’arte, misteriose esistenze, la cui vita, accanto alla nostra che svanisce, perdura” (Rainer maria Rilke, lettere a un giovane poeta). Riprendendo le parole di Rilke, Virginia Lopez (Gijon, 1975) pone una riflessione diretta ed aperta sul tempo, sulla transitorietà e la provvisorietà, la deperibilità della nostra esistenza a confronto con l’opera d’arte e, conseguentemente, sulla stessa capacità di afferrare e fermare il fluire inarrestabile del tempo, delle stagioni. L’istallazione Ephemeros, che la Lopez porta a Lato e che recentemente aveva presentato alla Eletto galerie di Berna, si compone di diversi momenti successivi e quasi ciclici nella loro alternanza che riflette quella ritmica delle stagioni cosi come di una vita. La natura intima, privata  indagata dall’artista consiste in una raccolta minuziosa di elementi primordiali: terra, acqua, piante, tracce umane e fossili, tutti collezionati da Lopez con la precisione e l’attenzione di un palombaro, in modo da conferire ad ogni reperto quel valore e quella preziosità che lo rende unico, quasi sacro nel suo essere.

    L’universo personale che viene svelato ai nostri occhi, nelle stanze della ex tintoria di Piazza San marco, non è altro che la commistione tra un deposito di memorie segrete e la piattaforma di lancio ed espressione di quei sogni, quei desideri più reconditi che ciascuno si porta dentro in attesa di realizzazione. “Nei lavori proposti per lato” afferma la curatrice Fabrizia Bettazzi, “il percorso si snoda in quadri/ambienti, habitat dello spazio e della mente che possiamo attraversare: arte che ci accoglie, ingresso a a fantasticherie. Reverie alla portata di tutti. Basta voler attraversare la porta custode dei ricordi, che tiene intorno a sé la terra (madre), l’acqua (che sostenta) e gli afferri indistruttibili di bambini e madri fermati per sempre da un attimo fotografico che li ha consacrati”. Dopo l’ingresso nella galleria, infatti, l’anta frontale d una porta accoglie il visitatore segnando l’inizio del percorso espositivo che, porta dopo porta, si snoda in un susseguirsi di esperienze ed immagini per approdare nel giardino zen centrale, una vasca rettangolare colma di acqua densa e ferma, silente, nella quale galleggiano dischi di cera e piante con figure ed ombre in trasparenza, vere e proprie ninfee di un’umanità richiamata o meglio rievocata in silenzio. I materiali che Virginia Lopez adotta sono essi stessi custodi del tempo: la cera liquida, forse il medium prediletto per la sua organicità ed il suo essere duttile, plasmabile e soggetto a costanti trasformazioni, cosi come l’antico metodo dell’impressione fotografica, rappresentano allora una riflessione puntuale sull’oper d’arte e sulla memoria. Piante e fiori diventano presenze embrionali “plasmate nella deperibilità della cera, duttile e che si piega ad accogliere in sé l’immagine in un equilibrio che può essere transitorio e precario”, custodite gelosamente in campane di vetro o immerse in liquidi da studio scientifico fluorescenti. La selezione del reale operata dalla Lopez è dunque capace di cristallizzare un momento e rendere quell’attimo di sospensione che allude all’immortalità. Anche le foglie sparse a terra sono ricoperte di cera, come le fotografie che riproducono sagome e parti umane: “ultimo atto di una presenza vitale, quasi un ricordo”; un’azione che sempre secondo Fabrizia Bettazzi, “procede per rivelazioni del quotidiano: ogni soggetto sembra  tornare a nuova vita, il gesto artistico lo richiama potentemente all’adesso che stiamo vivendo”.

  7. Von Luise Baumgartner

    Arteinsuit Kunstmagazine february 2012. Pag 14-17

    Aktuell führen zwei Berner Ausstellungen das breite Spektrum zeitgenössischer künstlerischer Standpunkte besonders deutlich vor. Auf der einen Seite führt uns die junge spanischstämmige Künstlerin Virginia Lopez (geboren 1975, Gijón, Spanien) im Kellergewölbe der Galerie Eletto mit dem Zyklus «Ephemeros» in atmosphärische, nahezu sacral aufgeladene Gefilde und bildet damit einen eindrücklichen Gegenpol zu den eher verbreiteten Strömungen jungen zeitgenössischen Kunstschaffens, die auf gestalterisch stark reduzierte Installationen oder minimalistische räumlich inszenierte Videoarbeiten fokussieren. Lopez’ raumgreifende Installation im Keller der Galerie Eletto mutetdagegen fast anachronistisch an: Mit einem so altertümlichen und religiös konnotierten Material wie Bienenwachs evoziert Lopez eine quasi-kirchliche Stimmung und zitiert die traditionelle Volkskunst  der Wachsblumen – die Parallele zur liturgischen Verwendung von Wachs und Blumenkränzen (besonders im katholischen Ritus) drängt sich auf. Auch eine andere alte Kunsttechnik, die Enkaustik (heiss aufgetragene Wachs-Farbpigmente), beherrscht die Künstlerin, die in der einstigen künstlerischen Hochburg Florenz lebt und arbeitet, souverän. Das einzige Gemälde im Kellerraum zeigt eine Blumenwiese in bester historischer Milles-fleurs-Manier; Das Bild ist mittels Enkaustik detailreich auf Holz gemalt und in matten Grünschattierungen gehalten. Die immer gleichen Pastell-Farbtöne (samtenes Grün, wächsernes Beige) und die naturalistischen Blumen- und Rankenmotive ziehen sich durch die ganze Installation und sorgen für einen starke optische Stringenz. Im dämmrigen Licht entsteht dadurch ein seltsam verwunschener, unwirklicher Eindruck. Lopez hat in diesem kleinen Kellerraum ein eigenes lauschiges Biotop geschaffen; besonders der Teich mit den schwimmenden bebilderten Wachsstücken in der Raummitte gemahnt an eine kleine Gartenszenerie – ein veritabler «Hortus conclusus» wird da heraufbeschworen (womit wir wieder beim Religiösen angelangt wären). Diese zauberhaft-verspielte, fast etwas stilisierte Bildsprache hebt sich doch deutlich von vielen vorherrschenden gestalterischen Prinzipien anderer  junger Künstler der Gegenwart ab. Die Beschäftigung mit der Vergangenheit Vergangenheit beziehungsweise der Rückbezug auf frühere Zeiten und Geschehnisse ist bei Lopez Programm.

    Dass Gegenwart und Vergangenheit ineinander verschränkt sind und das Gestern stets ins Heute hineingreift, scheint eine grundlegende Prämisse von Lopez’ Schaffen zu sein. So zeigt auch eine kleinere Installation im Erdgeschoss der Galerie auf den ersten Blick ein idyllisches Ensemble, das spontan keine negativen Assoziationen hervorruft: Ein kunstvoll verblichenes Familienfoto – scheinbar geschmäcklerisch auf einer alten Holztür angebracht – und ein kleines Gefäss mit wachsenden Pflanzensprösslingen nehmen das Gartenthema vermeintlich wieder auf. Allerdings gibt es hier, im Gegensatz zur Situation im Keller, einen Störfaktor, welcher den historisch-biografischen Gehalt dieser Installation transportiert: Die Kupferröhren, die aus dem Gebilde ragen, erinnern an die neu verlegten Leitungen am Fluss, der an Lopez’ Jugendhaus in Spanien vorbeifloss. Das Haus der Familie sollte ursprünglich im Zuge eines Renaturierungsprojekts abgerissen werden – tatsächlich wurde dieses Naturschutzvorhaben aber nie ausgeführt, sondern man verlegte stattdessen besagte Röhren, was Lopez und ihre Familie stark erschüttert haben muss. Ohnehin hat die Künstlerin keine Scheu, ihren Körper und  persönliche Anekdoten künstlerisch zu nutzen und somit ein gewisses autopoetisches Konstrukt zu schaffen.

  8. CALENDARIO DRACONIANO,
    a cura di Collector of Contemporary Art vs Claudio Cosma.
    pubblicato il sabato 25/02/2012
    Cultura Commestibile 
    Il Nuovo Corriere di Firenze

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  9. texto de Matilde Puleo para el catàlogo de la exposiciòn Visivagante, galleria Tornabuoni, Firenze, Italia. 2009.

    Le opere di Virginia López insinuano risposte emotive appese a quei sentimenti che sappiamo essere sempre in bilico tra nostalgia e malinconia. Richiamando le atmosfere della penombra o del quasi giorno, con superfici sempre luminose e trasparenti,  queste opere sono avvincenti incursioni nel regno della variazione dell’impercettibile e del provvisorio.

    L’artista raggiunge questi risultati cancellando i dettagli di superficie troppo aneddotici e puntando all’essenza. È così che scopriamo che un corpo non lo si ha. Che un corpo lo si è con tutto quel che di memoria e di storia esso pur portandoselo inciso addosso è sempre pronto a dimenticare o a perdere. Con un’intensità visiva trattenuta e quasi implosa, López decide allora di chiudere e spesso di filtrare ciò che può andare perduto e con un processo pittorico che ne offusca la visione, lavora allo scopo di preservare il segno di esistenze che si direbbero ridotte al minimo. La testimonianza del corpo lasciata sull’opera è quindi diretta ma mai invasiva; tessuta da trame complesse in cui prendono parte l’uso della cera (a racchiudere e proteggere l’eccessiva esposizione del corpo), della gomma bicromata, di oggetti reali e del pennello su superfici dipinte o fotografate. Il tratto gestito con astuta circospezione, non esagera né ostenta e quindi l’immagine che appare si svela solo ad uno sguardo più attento.

    In questa ultima ricerca la meditazione sulla vita come passaggio e attraversamento è ancor meno fermo e compiuto che in passato. L’attenzione rimane puntata su ciò che rimane del passaggio del tempo, su ciò che continua ad esistere, ma che deve essere protetto e salvato. In questa nuova serie di lavori compaiono dunque giovani uomini e donne ai quali l’artista concede di vestirsi autonomamente, svincolandoli da ciò che rappresentano e lasciandoli vivere nel fragile tempo della memoria. Attori o martiri di altri tempi, per questi personaggi non ha importanza quale sia il nodo da sciogliere, il nesso trainante, la sorte della rappresentazione o il dolore sofferto. La loro destinazione finale è ancora da stabilire e quindi essi, nel frattempo, possono se vogliono, trasgredire non solo ciò che l’osservatore vi proietta, ma anche ciò che essi stessi chiedono alla loro storia.

    Lontana da qualsiasi carattere narrativo, queste immagini non raccontano che per frammenti. Compare così il bianco distribuito sul plexiglass che come un sudario avvolge e tutela le figure; appaiono i colori dello sviluppo fotografico con le loro atmosfere sognanti e un po’ retrò e ancora oltre, aleggia la malinconia emanata dalla lettura appassionata di Pessoa e il ruolo assegnatogli di cospargere le sue parole sui contorni mai pienamente definiti di queste figure. Questa dimensione sognante che facilita la dolcezza di certe sfumature lascia spazio anche ad un’altra serie di elementi compositivi realizzati nei due modi più consoni al lavoro: sia per sottrazione di corpo e quindi tramite impronta (ad esempio, di forbici e filo spinato); sia per aggiunta materiale di corpi reali come il fil di ferro. Livello di composizione quest’ultimo, che libera il lavoro di Virginia López dalla dilatazione eccessiva dei toni delicati e lievi portandola verso esiti più patetici che impediscono che il rapporto con l’esterno abbia luogo. Una composizione meditata quanto basta per lasciare l’artista fedele al proprio immaginario e consapevole del proprio cammino.

    Matilde Puleo

  10. articulo de Manuela de Leonardis en "Exibart"magazine, enero 2009. exposiciòn Virginia Lopez, galleria Dora Diamanti Arte Contemporanea, Roma. Italia.